La Víbora, décimocuarta entrega del Asesino Serial de Buenos Aires
La víbora
Me despertó el ruido seco, en el taparrollos de la cortina. Estaba soñando con vos, los dos estabamos en bolas, en el piso, te acariciaba el pelo, me tocabas la pija, que placer!
Otra vez el ruido, se asoma por el costado, es el cocodrilo, abre su boca, produce un ruido como gemido, el aliento a podrido me llega hasta la cara. Me mira sigue con la boca abierta. Este no me hace nada, pensé, ya apareció varias veces.
Estoy inmóvil en la cama, esperando, transpirando y con las manos frías. Otro ruido, el cocodrilo sigue ahí sin moverse. Del taparrollos salen dos arañas bajan por la pared, en el piso corren hasta debajo de la cama. Sigo inmóvil, esperando.
No puedo parar de temblar. Una luz blanca me enceguece, inmediatamente un trueno espantoso, afuera llueve. Miro la puerta, quiero escaparme, algo me mantiene en la cama. Ahí esta! Del taparrollos sale ella, la víbora, se arrastra por la pared, la acompañan dos más chicas. De su boca salen expulsadas bolitas brillantes que pegan cerca de mi cabeza, marcan la pared, si me dan me agujerea!.
Lentamente saco la pistola debajo de las sábanas y le disparo dos veces, se esconde en el taparrollos, maté una de las chicas. El cocodrilo cierra las fauces.
La víbora aparece por el otro lado, nuevamente me dispara las bolitas, trato de matarla, las arañas están en mis pies. Uno de los disparos la descabeza, la cabeza revienta con un brillo rojo naranja. Suena un timbre y una voz: le diste! Le diste!
Manoteo el rivotril de la mesa de luz, me como dos de 5. De a poco me voy tranquilizando, la pieza queda a oscuras, ya no están. Me duermo, estoy con vos de nuevo. Game over!
Claudio Goldini
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