El Ángel del Sueño, duodécima entrega del Asesino Serial de Buenos Aires
El ángel del sueño
Me sorprendió, abrió y se vino directo a la cocina, prendió la luz y cuando me vió pegó un grito. Tranquila, le dije. Vine a devolverte estas llaves. De dónde las sacaste? Las encontré tiradas al lado de tu armario. Porqué no me la devolviste en el hospital? Porque quise probarlas para ver si eran tuyas. Mirá negro de mierda, me dijo. Nunca confié en vos, me mirás todo el día raro. Dejá las llaves y tomátelas!
Me paré, sentía que cara me explotaba, caliente hasta las orejas, abrí los brazos y le dije: tranquila! Me dás un café y me voy, tranquila!. La vi temblar, pálida, creí que me iba a pegar. Tragó saliva y me dijo está bien. Dejé las llaves sobre la mesa. Cuando se dio vuelta la agarré de los pelos y con la otra mano le tapé la boca. No grites! le dije, no grites porque te mato ahora mismo! Sentía su espalda sobre mi poronga. Me corrió un frío por la espalda. Negro de mierda yo? hija de puta! Lo único que quiero es que me la chupes, conchuda! Me la chupás y me voy y no te hago nada. Y no se lo digas a nadie, me entendiste?. Tenía la cara medio azul, por la presión de mi mano. Asintió con la cabeza. La tuve un rato más de espaldas. Le tocaba las tetas, se las apretaba mucho, se quejaba, le dije que se desabrochara la blusa, siempre de espaldas, le levanté el corpiño, las tetas estaban tibias y duras, le besé el cuello, estaba inmóvil. Te gusta hija de una gran puta! Bajáte el lompa. Le toqué la concha por encima de la bombacha. Ahora sentía que mi pija estaba viva.
La di vuelta y la hice arrodillar, mientras le sostenía el cuello con una mano con la otra me abrí la bragueta y saqué la pija, chupámela, chupámela! le dije. Con el puño derecho le di en un ojo, casi se cae. Para que no se te ocurra mordérmela, está claro guacha? Te rompo el otro. Me entendiste?
Me la agarró fuerte, se la metí en la boca, me parece que le gustó. Te cojo por la boca, le dije mientras me movía. Me pasaba la lengua cuando estaba saliendo, me paraba con la mano cuando entraba, no quería que fuera al fondo. De a poco sentía que se me agrandaba la pija. Solté un poco la presión sobre el cuello.
Quiero seguir, quiero seguir, le dije. Con la cabeza me decía que si, tenía la piel erizada y los pezones erguidos.
La hice caminar de rodillas mientras me la chupaba, me acerqué a un cajón y manoteé un tramontina. La vista se me nublaba, ella me hacía la paja mientras me pasaba la lengua, quería que acabara rápido. Pará un poco! Le hundí el tramontina en el lado derecho del cuello (que piensen que fue un zurdo), saltó la sangre mezclada con burbujas, le habré dado a la tráquea, pensé. Saqué la poronga de la boca, tenía miedo que en los espasmos me mordiera, la apoyé en el suelo. Me arrodillé a su lado izquierdo, no quería mancharme con sangre, ella tomaba aire cada vez más lento, mirando al techo. Acerqué mi pija a su cara y me pajeé hasta que acabé cerca de su boca. Sentí como un espasmo, casi como una convulsión. Con el orgasmo se me cruzó por la mente el ángel conchudo de mi sueño. Grité, con un grito ahogado y lloré, le acaricie la frente y la besé en la boca, estaba quieta, como muerta.
Me acosté a su lado en el piso, tomados de la mano, se hizo de madrugada. Me bañé y me fui.
Las Confesiones del Asesino Serial de Buenos Aires están protegidas por el derecho de autor
Copyright 2005-2007 Claudio Goldini










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